Históricamente, el mundo de las emergencias, el rescate y la gestión de desastres ha sido percibido como un terreno masculino. Sin embargo, mi camino desde el voluntariado hasta la profesionalización técnica me ha demostrado que la Gestión de Riesgos no es una cuestión de fuerza física, sino de resiliencia, empatía estratégica y capacidad de organización.
En esta entrada, quiero compartir los retos que enfrentamos las mujeres en esta carrera de primera línea y las inmensas oportunidades que tenemos para transformar la seguridad de nuestras comunidades.
El desafío de romper el «techo de cristal» en el campo
Cuando comencé mi labor en instituciones de socorro, era común ver a mujeres en roles administrativos o de logística, pero pocas veces liderando operativos tácticos o tomando decisiones de alto nivel en el terreno.
- El sesgo de la fragilidad: A menudo debemos demostrar el doble de competencia para ganar el mismo respeto.
- La conciliación de vida y riesgo: Las guardias extendidas y el despliegue en zonas de desastre presentan retos únicos para quienes equilibran roles familiares.
- Equipamiento no adaptado: Parece un detalle menor, pero durante años, los equipos de protección personal (EPP) fueron diseñados solo para anatomías masculinas, lo que representaba un riesgo adicional para nosotras.

La ventaja competitiva: Empatía y enfoque social
Lejos de ser una debilidad, la sensibilidad y el enfoque en la Psicopedagogía de Emergencias nos dan una ventaja táctica. Las mujeres en la gestión de riesgos solemos priorizar la cohesión social y la atención a los grupos más vulnerables (niños, ancianos y personas con discapacidad).
Como mencioné en mi artículo sobre Gestión Emocional en Zonas de Riesgo, la capacidad de gestionar el pánico colectivo requiere una inteligencia emocional aguda, algo en lo que muchas mujeres especialistas destacamos naturalmente.
Oportunidades en la Nueva Era de la Resiliencia
El cambio climático ha cambiado las reglas del juego. Ya no solo necesitamos rescatistas; necesitamos gestoras, planificadoras y educadoras. Aquí es donde las mujeres estamos liderando:
- Educación Comunitaria: Somos puentes clave para implementar metodologías como el Mapa de Riesgos Comunitario, conectando con las familias de forma directa.
- Planificación Urbana: Las arquitectas y licenciadas en riesgos con perspectiva de género están diseñando ciudades más seguras.
- Liderazgo en Organismos Internacionales: Instituciones como la UNDRR (Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción del Riesgo de Desastres) promueven activamente el liderazgo femenino a través de iniciativas como el Marco de Sendai.
De la vocación a la especialización: Mi consejo
Si eres una mujer interesada en esta área, mi consejo es claro: La formación es tu mayor escudo. Pasar del voluntariado operativo a una licenciatura técnica me permitió no solo estar en la «primera línea» de acción, sino en la primera línea de la toma de decisiones.
No se trata de encajar en un modelo preestablecido, sino de aportar nuestra visión única para construir una sociedad más preparada. La gestión de riesgos del siglo XXI no puede ser completa si ignora la voz del 50% de la población.
Conclusión: Un futuro inclusivo y seguro
Las mujeres no solo estamos en la gestión de riesgos para ayudar; estamos aquí para liderar, innovar y transformar. Cada vez que una mujer se especializa, la resiliencia de toda la comunidad aumenta. Mi camino en la Cruz Roja y Protección Civil fue solo el inicio; el verdadero trabajo está en abrir camino para las próximas generaciones de gestoras de desastres.
Liderar en desastres exige técnica, pero también la sensibilidad de entender la vulnerabilidad humana. Como mujeres, nuestra mirada estratégica es el motor que transforma la gestión de riesgos en resiliencia comunitaria.





