Durante años, he observado cómo los centros educativos invierten horas en redactar complejos planes de emergencia y realizar simulacros mecánicos. Sin embargo, cuando ocurre una crisis real o cuando se intenta promover la sostenibilidad, el compromiso de los alumnos (y a menudo de los docentes) es superficial. Se cumple por norma, no por convicción.
¿Por qué existe esa desconexión? La respuesta no está en la falta de información, sino en la ausencia de un vínculo emocional. Aquí es donde entra el factor invisible que las grandes instituciones han ignorado: la Identidad Ecológica.
Para profundizar en este concepto, he preparado una clase especial que forma parte de mi serie sobre Resiliencia Climática. En este Video 7: ¿Quién soy en este planeta?, exploramos cómo construir esa identidad ecológica de la que hablo en mi libro Coherencia. No se trata de teoría, sino de un despertar necesario para gestionar cualquier riesgo desde nuestra verdadera esencia.
El problema del «Simulacro Vacío»
La mayoría de las instituciones abordan la Gestión del Riesgo de Desastres (GRD) como una asignatura técnica. Se enseña a los niños dónde pararse o qué ruta seguir, pero se ignora que la seguridad es una extensión del cuidado por el entorno. Si un estudiante no siente que su escuela, su barrio y su ecosistema son parte de su propia identidad, la preparación para desastres se percibe como una tarea aburrida y ajena.
Como mencioné en mi artículo sobre la Eco-resiliencia en la infancia, la verdadera capacidad de respuesta nace cuando el individuo comprende que su bienestar está intrínsecamente ligado a la salud de su medio ambiente.

¿Qué es la Identidad Ecológica?
La identidad ecológica es la percepción de nosotros mismos como seres integrados en el ecosistema. No es solo saber sobre la naturaleza; es sentirse parte de ella. En el ámbito escolar, esto significa que el alumno no solo cuida el colegio porque es la regla, sino porque reconoce el valor del espacio que lo sustenta.
Sin este pilar psicológico, los planes de emergencia son estructuras sin alma. Un estudiante con una identidad ecológica desarrollada no necesita que le recuerden no tirar basura o estar atento a las alertas meteorológicas; lo hace por un instinto de preservación colectiva.
Como señala Daniel Goleman en su obra Inteligencia Emocional, el éxito en la vida y especialmente en la supervivencia depende en un 80 % de nuestra inteligencia emocional (resiliencia, disciplina y toma de decisiones bajo presión) y solo en un 20 % de nuestra capacidad cognitiva. Sin una base emocional sólida y una conexión real con el entorno, la información técnica sobre riesgos jamás se transformará en resultados efectivos.
Esta es la base de lo que llamo Liderazgo Ambiental.
La brecha entre la Norma y la Realidad
Las organizaciones globales como la UNESCO, a través de sus marcos de Educación para el Desarrollo Sostenible (EDS), subrayan la importancia de transformar los entornos de aprendizaje. Sin embargo, a nivel local, el enfoque suele quedarse en lo cosmético: un huerto escolar descuidado o un cartel sobre el reciclaje.
El error fundamental es intentar enseñar resiliencia sin antes cultivar la conexión. Para que un plan de emergencia sea efectivo, debe haber una transición de la «obediencia» a la «conciencia».
Un nuevo enfoque: Validando la Metodología
Actualmente, me encuentro en una fase fundamental de mi carrera profesional: validando una metodología propia en un entorno escolar real. Mi objetivo es demostrar que es posible despertar la identidad ecológica en el aula para fortalecer la resiliencia institucional.
A través de esta consultoría, estoy aplicando una serie de dinámicas diseñadas para que el alumno deje de ser un espectador pasivo de los riesgos climáticos y se convierta en un agente activo de cambio. Aunque los detalles técnicos y los ejercicios específicos forman parte del protocolo exclusivo de la consultoría, los pilares se basan en:
- Reconocimiento del entorno: Sentir el territorio antes de mapear sus riesgos.
- Empatía con el ecosistema: Entender que el riesgo ambiental es un riesgo personal.
- Acción con propósito: Brigadas que no solo actúan en simulacros, sino que lideran la sostenibilidad diaria.
Esta metodología busca romper con la apatía que mencionaba en mi entrada sobre la Gestión Emocional en Zonas de Riesgo, donde el miedo se transforma en preparación consciente.
Hacia un futuro de escuelas resilientes
Los cambios ambientales no nos dan tregua, y seguir aplicando los mismos métodos de hace 20 años es un error peligroso. Los colegios deben dejar de ser cajas de cemento para convertirse en centros de Resiliencia Educativa.
Cuando logramos que un docente y un alumno se vean a sí mismos como protectores del equilibrio ecológico, la gestión del riesgo deja de ser una carga administrativa para convertirse en una forma de vida. El factor invisible es, en última instancia, el amor por el lugar que habitamos.
Reflexión para Directivos y Docentes
Más allá de los manuales y las normativas, lo que realmente protege a nuestra comunidad escolar es el vínculo que creamos con nuestro entorno. Como educadores, tenemos la oportunidad de transformar el miedo en propósito. Preguntémonos: ¿Estamos formando alumnos que solo siguen instrucciones, o líderes conscientes que aman y protegen su lugar en el mundo? Al final del día, la resiliencia más fuerte es la que despertamos con la identidad ecológica en los niños; con ella no solo cumplimos una norma, sino que les entregamos una herramienta para la vida.
Si resuenas con esta visión y quieres profundizar en la filosofía que sustenta la identidad ecológica, te invito a leer mi libro «Coherencia: No viniste a salvar el mundo, viniste a despertar en él», disponible en Amazon en formato físico y digital. Es el mapa para transitar estos tiempos con presencia y propósito.





